lunes, 21 de marzo de 2011

El clamor de pasta de conchos


EL CLAMOR DE PASTA DE CONCHOS…

¿ y por qué la vida tiene que tener un peso diplomático o político para ser procurada? ¿Por qué los gritos emitidos desde la mugre y el carbón no tuvieron el eco merecido?
Y esos cuerpos hechos polvo, siguen sin justicia…
19 de febrero 2006.  65 hombres, millones de seres conmocionados, 5 días de búsqueda, 65 sepultados, 65 viudas, 120 huérfanos, 5 años, 2 cuerpos y millones de memorias rotas.
Esto es actualmente pasta de conchos, solo números y una historia muerta porque ni siquiera ha trascendido la memoria de la indignación incipiente, de aquel domingo del año 2006, porque a nadie ya importan los gritos desgarrados de las mujeres, la búsqueda constante del huérfano en la oscura noche, el silencio de las máquinas, la tierra que cubre ya  esa entrada y la incomodidad que provoca en quien nos dirige.
Podemos enunciar lo sucedió aquella madrugada, traerlo a la memoria de cada ser que conoció el suceso, aquellos que se unieron en el rezo y en la angustia, sería primordial traer a su memoria el recuerdo y enunciarles la sentencia de que a cinco años de la tragedia; la zozobra continua.
Eran las 02:30 del domingo 19 de Febrero, 65 hombres  se encontraban en la mitad de su turno habitual en la mina “pasta de conchos” en el poblado de San Juan Sabinas en el estado de Coahuila, cuando en medio de la fría y oscura madrugada una explosión hizo cimbrar el centro de la tierra, provocando el derrumbe de la mina atrapando a quienes se encontraban laborando a una profundidad de aproximadamente 150mts.
La conmoción no se hizo esperar, las expectativas y especulaciones así como “los buenos deseos” y con todo ello se inició la búsqueda de salvamento, que a pesar de todo lo dicho el día de la explosión; no tuvo el empeño ni ahínco pregonado y rápidamente fue transformada en recuperación de cuerpos, pero  aún no se cumplía una semana después del estallido cuando la búsqueda cesó, a tan solo cinco días, al cabo de los cuales se declaró que las condiciones de la mina, con respecto a las concentraciones de gas metano eran elevadas al grado de poner en peligro la vida de los rescatistas.
En este punto cabe hacer el señalamiento sobre las preocupaciones que imperaban en estos hombres, con respecto a las medidas de seguridad de la mina, los días previos a la tragedia. Cierto es que no hay reportes exactos, que era un secreto a voces, las condiciones de gas metano previas al 19 de febrero eran similares a las que se presentaban durante los días de la búsqueda y sin embargo las actividades laborales fuera y dentro de la mina no se interrumpieron ni un instante.
Y nacen las interrogantes…
 ¿Por qué el valor de una vida no es equitativo? ¿Qué tipo de intereses puede estar por sobre el cuidado y preservación de la vida?
Después de aquel terrible día, se destapó la cloaca de injusticia, negligencia e impunidad que imperaban en la mina en donde las medidas de seguridad estaban reducidas al mínimo, en donde se pasaba por alto la preocupación y ansiedad que esto provocaba en cada uno de los hombres que día a día tenía que descender por ese oscuro túnel cuyos propietarios hicieron caso omiso de las quejas de aquellos que vivían en la profundidad y las autoridades de nueva cuenta trajeron a la luz las carencias de equidad y la segregación de clases, imperante en este país.
Y sin embargo esos hombres laboraban día a día con la angustia y el hedor del mortal gas flotando en el ambiente, como una bruma amenazadora que se expande y te victimiza, te angustia y te atemoriza.
 Se descubrieron nexos entre el grupo minero de pasta de conchos y quien se encontraba en ese momento en la silla presidencial y aparentemente eso podría ser un simple escándalo mediático “los compas del presi negligentes asesinos” dirían los medios, pero desgraciadamente  esto fue más allá; significó la anulación de la justicia, el desconocimiento y displicencia en la búsqueda, la cual solo duró lo diplomáticamente necesario para no pasar por indolentes.
¿Y ellos? ¿Los que siguen vivos? ¿Los que fueron responsables? ¿Los que prometieron cuidar y enmendar errores a esas viudas e hijos?
A cinco años de esta tragedia que sacudió el centro de pasta de conchos, de San Juan Sabinas, de Coahuila, de México y de todo ser con conciencia social, a cinco años, no solo faltan 63 cuerpos por recuperar y entregar a sus familias, en aras del descanso de conciencias y el cumplimiento de las exigencias eclesiásticas. A cinco años hay viudas que lloran en la miseria e injusticia, hijos que aun pregonan en pos del padre caído.
La búsqueda de culpables es lenta, absurda y obstaculizada, pendiente de intereses que no son los del pueblo, intereses de la clase que dirige este país. Quienes estaban en el poder en el momento de lo sucedido poco hicieron después del periodo en que duró la memoria nacional. Con el pase de la estafeta todo sigue igual, sin cuerpos y sin culpables pues la justicia tiene un precio y una cara que no es la del mexicano promedio y lo que aterra es el hecho de que la democracia ya no es más del pueblo, se ha perdido y quedado en manos ensangrentadas, en manos encubridoras, en las manos del poderoso que acoge y protege a sus iguales.
Y  el caso pasta de conchos solo se suma a una serie de atropellos e injurias que no solo no deberían quedar impunes, deberían ser hechos inexistentes, por eso apelo a ti pueblo de México, solo tú eres quien puede redimir, salir del aletargamiento, recuperar tu memoria y luchar por tu libertad, justicia y paz.
cantinflesca.

 






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